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2012 05 25 Texto del pregón

 

PREGÓN DE FIESTAS DE LA ALDEA DE SAN MIGUEL

 

Buenas tardes noches, alcalde, teniente de alcalde, concejales, vecinas y vecinos, niños, jóvenes y menos jóvenes, hijos naturales del pueblo hijos adoptivos, forasteros, invitados… a todos os deseo unas felices fiestas de la Virgen de los Remedios.

 

Por decisión municipal y a través de vuestro  teniente de alcalde, fui invitado a ser el pregonero de vuestras fiestas. Honor, como podéis imaginar inmerecido, pero que os agradezco de corazón.

En el programa de fiestas se recogen mi nombre y algunas competencias pero quiero completarlas un poco para agradeceros vuestra invitación. Soy facundino de origen, es decir de Sahagún, patria de San Juan y de Fray Bernardino que nacieron en la misma villa y vallisoletano de adopción desde que tenía diez años. He sido durante varios lustros funcionario de la Excma., y hubo momento en que  llegue´ a conocer a todos los alcaldes y concejales de cultura de la provincia pues durante años me dedique a auxiliarles en la organización de las fiestas patronales. Después, más por el discurrir del tiempo y los avatares profesionales que por méritos propios, vinieron la dirección del Premio de Piano Frechilla y Zuloaga, la creación de ARPA, bienal del Arte y el Patrimonio que se está celebrando en Valladolid durante estos días  y ahora tengo el honor de dirigir la Villa del Libro de Urueña y el Museo de las Villas Romanas de Almenara-Puras, que todos vosotros conocéis.

Me llamo Pedro, como el primer apóstol y apellido Mencía, como la uva del Bierzo de donde seguro procedía una rama de mis antepasados y Herreras que es apellido más castellano, probablemente de Segovia, de donde procedía la otra rama. Así pués que soy castellano y leonés o leonés y castellano, que tanto monta.

“Hubo una vez, hace muchos,  muchos años,  un pueblecito situado en un punto  impreciso de la cuenca del padre Duero y rayano de su subsidiario el Cega, a unas seis leguas de la ciudad más próxima y más próspera, fundada por un conde, y a un par de leguas de una villa en cuyo raso se criaban las vacadas bravas más antiguas de un antiguo país.

 

El pequeño pueblo, formado por un grupo de familias fundadoras, probablemente de apellido Gómez, si nos atenemos a que es el apellido más común en la Aldea, y provenientes de algún lugar indeterminado y recóndito de los reinos cristianos del norte, se asentó sobre un barral  del que con mucho trabajo y perseverancia fueron sacando los materiales para construir sus casas y edificios públicos.

 

(No debe preocuparos el lugar y la manera de vuestra fundación, pues Roma no la tuvo menos humilde que la vuestra pues se asentó sobre unas ciénagas pantanosas entre las siete colinas). Y que sepáis los fundadores que lleváis el Gómez por apellido que  es patronímico que desciende del visigodo Gome o Guma utilizado por los visigodos con el sufijo castellano “ez” (hijo de) es decir que Gomez significaría en tiempos de estos primeros repobladores hijo de Gome o de Guma.

 

Fue el pueblo poco a poco creciendo en almas y en casas en medio de bosques de pinos, tierras de cereales,  cultivos de vid y feraces rasos donde apacentaban bravas vacadas.

 

Aumentaron sus pobladores y sus riquezas a la par que aumentaban también la importancia y el poder de la villa dominadora de las dieciocho aldeas de cuyo alfoz y tierra dependería la vuestra.

 

Allá por el siglo décimo tercero de la era cristiana,  en plena Edad Media, había adquirido el pequeño pueblo tal riqueza e importancia que los parroquianos decidieron construirse una iglesia mejor, suponemos que sobre los restos de la antigua parroquia. Del barral primigenio volvió a sustraerse la materia prima, pero en esta ocasión, como lo exigían las circunstancias, el humilde adobe se convirtió en resistente y hermoso ladrillo y se construyó entonces una magnífica iglesia y se colocó bajo la advocación del arcángel San Miguel, jefe de los ejércitos de Dios y protector de su santa Iglesia. Esta iglesia mudéjar de san Miguel arcángel, fabricada en su mejor parte en la segunda mitad del siglo trece pasa hoy en día por ser una de las más elegantes en su estilo de toda la provincia.

 

Parece que por aquellos años también, aunque en esto no concuerdan las historias, por influencia de la orden trinitaria,  cuya misión en la tierra era rescatar y liberar cautivos y cuyo lema es “gloria a ti trinidad y a los cautivos libertad”, adoptó el pueblo  la advocación mariana de la Virgen de los Remedios. Ella es, dicen los trinitarios, la Madre del Buen Remedio. ¿Y quién es el remedio de los hombres, sino Jesucristo, su Hijo? El es la salud, la salvación, el remedio de todos los males que afligen al hombre, y María es la Madre de este `buen remedio”.

 

Después de estos  hechos fundacionales el pueblo y sus moradores se sintieron más seguros e importantes porque a la protección de la villa próxima y a la más alejada de sus reyes se sumaron las protecciones divinas del arcángel San  Miguel y de la Virgen de los Remedios.

Año tras año conmemoraban estos acontecimientos  fundacionales y en los días señalados de septiembre y del lunes de pentecostés tiraban la casa por la ventana, como suele decirse,  desbordados por la alegría y la algazara.

 

Esto valga para vuestros dos  patronos, en general.

 

Pero en lo tocante a vuestra patrona en particular, La Virgen de los Remedios, cuyas fiestas conmemoramos y son el motivo de que hoy estemos aquí congregados, a buen seguro que es una virgen de las aparecidas que son las vírgenes más populares en esta piel de toro y que tienen las leyendas más legendarias y  la vuestra  tendrá, a buen seguro, una leyenda y será de las más bonitas, de esas que comienzan:

”sucedió que estando un pastor guardando su ganado vio tras unas zarzas una imagen bellísima…”

O “Aconteció que saliendo un día de caza un gentilhombre del lugar cuando se hallaba en lo más recóndito e intricado del bosque vio sobre una añeja encina un resplandor fulgurante que le dejó totalmente ciego…”

Detrás de una de esas prodigiosas apariciones estaría la hermosa talla de vuestra Virgen, que después de torcer la voluntad de quien la halló y la de algunos otros mostraría,  a través de algún prodigio, el lugar adecuado para la construcción de su ermita.

 

Convertida ya en patrona y protectora del lugar  cada año sería procesionada y reinaría sobre los campos en los días más maravillosos de las más maravillosas primaveras.

Pero a diferencia del arcángel, la Virgen de los Remedios volvería al pueblo,  no solamente los días de su novenario, sino que como especial protectora acudiría en vuestro socorro una y otra vez cuando las cosas no funcionaran bien, cuando se torcieran: en medio de pestes o epidemias  peligrosas, cuando enfermaran los ganados,  cuando  las pertinaces sequías no remitieran, cuando el pedrisco o las tormentas asolaran los cultivos, cuando hubiera guerra, cuando las hambrunas, cuando se quebrantaran los ánimos,  o en cualquier momento que la aldea lo necesitara la Virgen de los Remedios sería traída desde su ermita y razada y venerada hasta que las cosas que se hubieran salido de madre  o se hubieran desnaturalizado volvieran a su carril y a discurrir a derecho, como dios manda.

 

Fueron pasando los años y aquella pequeña aldea de repoblación fue creciendo más y más pero siempre conmemorando a su Virgen.

 

A las festividades le iban añadiendo pequeñas porciones de cultura: liturgias, ceremonias, oraciones, plegarias, canciones, danzas, indumentarias y  gastronomía, tejiendo con ello una urdimbre  y trabazón social que les hacía sentirse más unidos, más fuertes y más felices.

 

Y así pasaron los días y los meses y las estaciones y los años y los siglos. Y desaparecieron unas generaciones y aparecieron otras nuevas.

 

Alegrías y desgracias se sucedían como en cualquier vida, como en cualquier casa, como en cualquier familia como en cualquier pueblo , pero todos los años, en la primavera de las primaveras que es lo que es la última semana de mayo,  llegados aquellos solemnes y señalados días el pueblo rejuvenecía, se engalanaba, se enfervorizaba. En cada época de una manera, según los tiempos.

 

Aquel pueblo pasó por todas las edades: la edad media, la moderna y la contemporánea y vino a dar en unos tiempos donde ya no solo se recogían los datos en los archivos parroquiales o en los censos reales, sino que nacieron hombres ilustres más preocupados por el saber y el recoger todos los lugares de aquí y de allá y en aquel tiempo, más o menos a mediados del siglo XIX se sabía que el pequeño pueblo ya tiene 104 casas que forman seis calles y una plaza y un hospital de buena fábrica y una Escuela de Instrucción Primaria a la que acuden 30 niños y que el barral primigenio de tanto sacarle el barro se ha convertido en un marjal o lagunajo donde se criaban, además de sus afamadas sanguijuelas para sangrar pacientes, exquisitas tencas.

Y siguió pasando el tiempo y continuaron celebrándose las fiestas de la Virgen y celebrándose los novenarios y sabemos que a principios de 1910 el pueblo tenía 465 habitantes que mantendría poco más o menos hasta 1950, habitante arriba habitante abajo y que a partir de 1960 empezó a perder población y el lavajo del Barral se fue agostando y consumiendo y colmatando de escombros, pero que no todo han sido pérdidas porque el pueblo se ha acompasado con los tiempos y se ha abierto a lo nuevo y hay nuevos pobladores, vecinos nuevos y lo que es hoy más importante: que las fiestas han seguido organizándose con la misma alegría y devoción de siempre.

 

Y hoy, -y ya se cierra la historia de este pequeño pueblo castellano-, nos encontramos en esta plaza una vez más con los mismos deseos y las mismas ilusiones de divertirnos, de ser felices,  dispuestos a celebrar las fiestas en honor de la Virgen, con la participación del ayuntamiento, de las peñas, de las asociaciones y con renovadas actividades, pero con las mismas ganas de hacer un paréntesis en la vida diaria, con la misma ilusión por romper la monotonía del trabajo con el mismo gozo de agrupar a la familia o convidar a los amigos.

 

Y que para terminar tan histórico y verídico relato, este humilde pregonero vuestro desea de todo corazón que  sean estos días muy felices y seáis todos vosotros muy felices estos días. Y que para terminar esta historia y  empezar  la fiesta os dedica estos ripios:

 

A la Aldea me ha invitado

Un amigo a Pregonar

Romería de romeros

Y las fiestas del lugar.

 

De corazón os deseo

Vecinos de este solar

Música,  paz, regodeo

Que  de la Virgen romera

Los remedios os vendrán.

 

¡¡¡ Viva la Virgen de los Remedios!!!

¡¡¡ Viva la Aldea de San Miguel!!!

 

 

 

Última actualización ( Jueves, 28 de Junio de 2012 19:36 )
 
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